"El Corazón de una Mujer"

Fotografía por Hilda Hurtado ©
El corazón de una mujer es como un espacio sin dueño. Durante los días de cada año, desde que una mujer comienza a descubrir la atracción hacia el sexo opuesto, comienza a desarrollar ansias inexplicables por llenar de amor, el aparente vacío que el órgano que sirve para impulsar vida tiene. Al inicio de la pubertad cualquier fémina adolescente siente mariposas en el estómago tan solo con la cercanía del chico que le gusta; el corazón late fuertemente y la piel arde sin explicación. A esa edad la mayoría de las jóvenes idealizan el amor basándose en la irrealidad que transmiten las películas románticas y los cuentos de hadas, que casi siempre terminan en un final feliz, esta influencia las inclina equivocadamente a tratar de conseguir al "Príncipe Azul"; al entrar a la era de los veinte hay una gran transición, se deja de lado toda aquella inquietud de la adolescencia y el cuerpo se dirige a reaccionar de una manera muy diferente, el corazón se percata que necesita no solo pasión, sino también estabilidad. La búsqueda del amor se torna en la búsqueda de la "Pareja Ideal", con quien formar una familia y compartir un futuro. Muchas mujeres consiguen casarse con el hombre que tiene un poco de "Principe Azul" y algo de "Pareja Ideal", pero eso no implica que la unión dure para toda la vida, ya que la cotidianidad a la larga ocasiona que el "Príncipe" huya en su caballo y que la "Pareja Ideal", se quede precisamente en ser un Ideal.
Aquellas que no logran encontrar el "Verdadero Amor" en una sola persona, se dedican a experimentar con un sin número de aspirantes, sin tener éxito en los intentos y las pocas que encuentran al ser que les rebose el corazón, lo hacen de la manera mas inusual, muchas veces sin esperarlo y no siempre consiguen retenerlo.
El músculo casi incansable que todas llevamos en la mitad del pecho, es lo mas delicado, misterioso y sagrado que hay sobre la faz de la tierra. Dios lo construyó de una manera única , para que solamente un verdadero hombre lo pueda entender, amar y cuidar, pero jamás tendrá dueño; ya que como mujer que soy, puedo asegurar que nosotras lo dirigimos, pero tampoco nos pertenece.

© 2013 Hilda Hurtado

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