"Al Final Del Camino"



Muy pocos días duró la tregua que hice con mi corazón. Hoy desperté y salí a caminar por la senda que caminamos juntos varias veces, el sol brillaba y el aire llevaba consigo aroma a incertidumbre. No se veía un final, solo la ruta de desviación. Mi cuerpo se cansaba a cada paso que daba, al parecer se derretía y el sudor no cesaba de brotar, empapando mi vestido.

De pronto sentí sed y no encontré nada con que sofocarla, pero el cielo compadecido permitió que el sol cesara su brillo por unos instantes y nubes siniestras se deslizaron rompiendo en llanto. Al saciar mi sed, las nubes desaparecieron como por encanto; el suelo no se humedeció, así que pude seguir mi caminata sin dificultad, pero ahora mi estómago rugía clamando llenar su vacío y así el suelo también se compadeció permitiendo que brotaran de él, árboles de frutos; mientras sus ramas me envolvían, uvas y duraznos caían repentinamente en mis manos, sacié con ellos mi hambre y pude percatarme que el árbol de manzanas se mantenía intacto; caminé hacia él y alargué mi mano para tomar la mas roja, pero el suelo se abrió y se tragó todo lo que de él había surgido.

Perpleja y algo confundida seguí caminando, pero ya no sabía hacia donde dirigirme, la ruta seguía fija y sin desviaciones. Aunque seguía agotada, mi cuerpo se sentía mas liviano y ágil.  Un ave extraña y desconocida se posó en mi mano, llevaba consigo prendido del pico, un pedazo de papel que algo tenía escrito, lo abrí y leí:   "Seguiste el camino sin dificultad y le pedí al buen Dios, que me permitiera guiarte y alimentarte, no dejé que probaras el fruto del árbol del Bien y del Mal, porque no quería que fueras expulsada del Paraíso; sin embargo te enseñé lo que es el pecado mientras estuve a tu lado. Mira hacia atrás y verás a lo que tu cuerpo quedó reducido y vuelve a mirar hacia adelante para que observes lo que hay al final del camino".

Al terminar de leer, hice lo que la nota me pedía y vi como mi cuerpo se encontraba tendido en mitad de la senda, se asemejaba a la piel de la serpiente cuando le toca mudar.  Aterrada me percaté que yo ya no era lo que pretendía ser al dejar mi casa, miré hacia adelante y encontré frente a mí, al ser que me había abandonado tiempo atrás; en su momento asistí a su entierro y lloré su partida. Hoy, me alegra saber que haya vuelto conmigo.

© 2014 Hilda Hurtado

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