"Sigue Danzando"

Fotografía por Hilda Hurtado ©
Los cristales austriacos, penden de los candelabros y ella sigue danzando.
Sus ojos azules contrastan con las perlas que cuelgan de su cuello, pero difieren del tono de su vestido.
Eros, viste el color de la noche y se prepara para recibir un gran reconocimiento.
Eva y sus perlas, siguen danzando.
Ella es muy delicada, como lo es la seda mas fina y del brazo de su hombre camina.
Se dirigen juntos al salón, el que se encuentra lleno de extraños, quienes presenciaran un acto distinto.
Las luces se apagan, el silencio es la antesala.
Los reflectores se encienden e iluminan las vidrieras que contienen  las piedras preciosas obtenidas del corazón de la tierra. Quilates enteros de belleza natural , se exhiben como trofeo y Eva sigue danzando.
No suelta el brazo de su hombre, inhibida siente miedo.
La ley de el hombre en la tierra, enmarca la vida de Eros y debido a eso será nombrado el hombre de el año. La esfera social más alta de los representantes de la ley, se encuentran reunidos en el recinto, nada puede salir mal, en una noche tan peculiar.
Explosiones  y pánico invaden el silencio, las luces se marchan nuevamente y la obscuridad jamás volvió a ver la luz, muchos corren buscando la salida, menos Eros y los hombres representantes de la ley. Él  pide a Eva, en medio de las tinieblas, que se dirija a casa y ella así lo hace. Siluetas extrañas se confunden entre la gente. Figuras vestidas de un negro total se llevan en sus manos las riquezas naturales, que valen menos de lo que deberían ante los ojos de Dios, pero mucho ante los ojos del ser humano.  La perfección del atraco, permitió que las siluetas escaparan, pero Eros demostró la razón por la cual lo premiarían en esa noche. Un grupo selecto de cerebros ágiles, emprendió la persecución ; los fugitivos se dirigían a las afueras , cerca de las montañas y directo al abismo. Nada podría salir mal , Eros y su grupo se encontraban al mando. El camino llegaba a su fin y las siluetas se desplegaban entre los matorrales como almas en pena. Cerca al precipicio un helicóptero esperaba, de uno en uno, los ladrones subieron en él, mientras Eros se acercaba cada vez más con sus hombres y comenzó el fuego cruzado entre el bien y el mal. El último ladrón en llegar, no alcanzó a subir a la nave y cayó abatido en el suelo por los disparos, tras los impactos el helicóptero perdió fuerza en el despegue y se precipitó al vacío envuelto en una esfera de fuego.
Autos policiales y mas efectivos se dirigían al lugar a toda velocidad.
El ladrón que yacía en el suelo, sostenía algo en su mano y balbuceaba el nombre de Eros, quien se acercó rápidamente al percibir algo conocido en el tono de voz; detrás del pasamontañas que el individuo traía puesto, reconoció unos ojos y se apresuró a descubrir el rostro del hampón, desagradable fue la sorpresa al corroborar que se trataba de Eva, quién agonizante le entregó el collar de perlas que sostenía en la mano y antes de expirar se despidió de su amor, dirigiéndole unas sabias palabras ahogada en llanto.
"Eros, por favor, sigue danzando".

© 2014 Hilda Hurtado.

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