Luces en el Cielo


Sentada en la vereda del río, miro fijamente hacia el cielo.
La noche es fría y me envuelve con suspiros cargados de 
aroma a caramelo. La brisa camina descalza por cada
centímetro de mi cuerpo y me recuerda que no debo
decaer, al fin y al cabo aún respiro. Mis labios emulan
un nombre, el de alguien a quien no olvido.

En el firmamento hay regadas millones de luces, pequeñas
luciérnagas que pretenden volar con la ayuda de la rotación
de la tierra, porque en realidad permanecen estáticas cuidando 
tus sueños y los míos. La más grande de las luces, reposa debajo 
del mar mientras alienta a su reemplazo a encenderse, 
para que durante su ausencia, nos haga compañía.

Alguna que otra se mueve de su sitio persiguiendo a la
ilusión que se escapó junto a un pensamiento y la vemos
pasar fugaz frente a nuestras narices. Te extraño tanto
que imagino que eres una de ellas.  Los antigüos sabios 
comentaban, cuando el alma abandona el cuerpo, 
viaja directo hacia el firmamento convirtiéndose en un lucero.

© 2015 Hilda Hurtado.





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